Penitencia a oscuras Imprimir E-Mail
PILAR M. MACIÁ ALBERTO ARAGÓN / ORIHUELA   
viernes, 10 de abril de 2009
Faroles pasan por delante de la imagen de la Hermandad del Silencio. / ALBERTO ARAGÓN

Cirios y faroles fueron los únicos que alumbraron la noche del Jueves Santo oriolano. Las hermandades penitenciales, primero la del Silencio y ya en la madrugada la del Santísimo Cristo de la Buena Muerte representaron el recogimiento que la ciudad vive en estos días en los que en las diferentes parroquias se multiplican los oficios en torno a la muerte de Jesús de Nazaret.

Los caramelos y las capas y túnicas de raso dejaron paso a los hábitos capuchinos y los verdugos y decenarios a la cintura. Los primeros en salir, justo en el momento en el que daban las once de la noche fueron los cientos de hombres que forman parte de la Hermandad del Silencio. Con el sonido de la bocina y un tambor sordo como únicos anunciantes de la procesión, alumbrantes con faroles y penitentes con cruces a los hombros arrancaron su caminar. Rápidos, lúgubres, en orden y en la más absoluta oscuridad realizaron su recorrido por las calles del casco histórico en las que la única música que se pudo escuchar fue la que sacaron de sus gargantas los dos grupos de Cantores de La Pasión, que les esperaban en varios puntos del recorrido.

Decenas de personas esperaron a las puertas de la parroquia del apóstol la salida de la única de las tallas que acompañan al Silencio, el Cristo del Consuelo, obra de José Puchol fechada en el año 1795 sobre trono de Juan Balaguer.

Ya de madrugada el epicentro de la actividad de concentró a las puertas de la histórica Universidad de Santo Domingo. Dentro, los hermanos de la Buena Muerte se preparaban para cumplir su estación penitencial con un acto ajeno a los ojos del resto de los mortales que se celebra en los claustros interiores del edificio. A las dos de la mañana estaba prevista la salida de la procesión que también recorrió el casco antiguo para volver hasta Santo Domingo. En la Plaza del Marqués de Rafal los hermanos hicieron una parada para realizar, en esta ocasión ya ante el público asistente, la lectura de las Siete Palabras. Los Cantores de La Pasión acompañaron a la procesión en la que se interpretan piezas del compositor oriolano Ginés Pérez de la Parra y obras como la Música para los funerales de la Reina María, de Henry Purcell.



 
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